El encuentro nacional «Donde te lleve el corazón», convocado en Quito del 9 al 11 de octubre de 2026, centró su propuesta en la vocación laical, el acompañamiento a las fraternidades y el compromiso con el carisma marista.
El Equipo Nacional de Laicado de Ecuador organizó esta convocatoria para acompañar a los integrantes del Semillero Cinco en su preparación para la promesa pública de fidelidad al carisma marista, a quienes renovarían su compromiso y a los animadores de las fraternidades.
La programación previó reunir a 25 personas —21 laicos y cuatro hermanos— de Macará, Catacocha, Santo Domingo de los Tsáchilas, Quevedo y Quito, en un espacio de oración y formación orientado a fortalecer sus comunidades.
Una vocación que se vive cada día
Ser laico marista significa vivir el carisma de Marcelino Champagnat en la familia, el trabajo y la comunidad. La fe, la sencillez y el espíritu de familia se expresan en el cuidado de las relaciones y el servicio a los demás.
El programa contempló un retiro vocacional para el Semillero Cinco, cuyos integrantes han recorrido un proceso de formación y discernimiento, y para quienes renovarían su promesa. Este compromiso público expresa una opción de vida; renovarlo permite reconocer el camino recorrido y discernir cómo continuar.
Animar desde la cercanía
Las fraternidades son comunidades donde los laicos comparten la fe y cultivan su vocación. En la información aportada, el coordinador nacional describe su servicio como el de un compañero de camino, llamado a escuchar, acompañar y tender puentes entre comunidades.
Para apoyar esta tarea, el programa incluyó una jornada sobre documentos institucionales y el intercambio de experiencias de formación y animación local.
Las fraternidades convocadas fueron Emaús, de Macará; San Marcelino Champagnat y Nuestra Buena Madre, de Catacocha; Amigos en Misión, de Santo Domingo de los Tsáchilas; Fraquema, de Quevedo; y La Valla, Hermitage y Las Tres Violetas, de Quito.
Un caminar unido a la Provincia Norandina
La organización vinculó el encuentro con el llamado «Laicos: ¡Es la hora!» y la invitación a ser «Nuevos Constructores del Hermitage», mediante comunidades abiertas, fraternas y dispuestas a servir.
El horizonte fue llevar la formación a la vida: acompañar a las fraternidades, fortalecer sus vínculos y traducir el compromiso en solidaridad, especialmente con niños, niñas y jóvenes en situaciones de mayor vulnerabilidad.
«Donde te lleve el corazón» invita así a unir el discernimiento personal con el cuidado y el servicio, inspirados en María y Marcelino Champagnat.

