La vocación del Hermano Diego Zawadzky comenzó en el Colegio Champagnat de Bogotá, cuando ingresó en quinto grado de primaria, sintiéndose cautivado por el espíritu de familia, la alegría y la disciplina del colegio, además de la influencia de los hermanos José Quiroz y Hernando Gómez.
Su participación en el proceso de REMAR fue un papel fundamental en el caminar marista, las experiencias de solidaridad, convivencia y fortalecimiento de la espiritualidad le permitieron descubrir el llamado de Dios en su corazón; los encuentros con comunidades vulnerables en el barrio La Paz y otros lugares donde realizó su apostolado impactaron profundamente su vida y reforzaron su deseo de servir a Dios y a los demás.
Con 35 años de vida marista y consagración religiosa, el Hermano Diego también vivió una experiencia de exclaustración, separándose de la comunidad por un año. Al finalizar esta etapa, fue acogido nuevamente por los hermanos con gran amor en un encuentro marista en Cali, el Hermano Julio le recordó que «el buen hijo siempre regresa a casa», haciéndole entender que su lugar estaba en la comunidad marista.
Para el hermano Diego Zawadzky, la vida comunitaria ha sido siempre una fuente de gran alegría cree firmemente que el proyecto de Dios “es que seamos felices, al encontrar el lugar donde Dios quiere que estemos, alcanzamos esa felicidad plena”, ya que, para él, vivir en plenitud es una promesa cumplida, especialmente al ver que puede ayudar a los demás, dándole un sentido profundo a su vida.

