Hermanos y laicos maristas participaron, del 10 al 14 de julio de 2026 en Quito, en un tiempo de oración, fraternidad y discernimiento acompañado por el Hermano Hipólito Pérez, vicario general del Instituto de los Hermanos Maristas.
El retiro anual de la Provincia Norandina comenzó con un compartir y un encuentro fraterno entre hermanos y laicos maristas. La alegría de reencontrarse y agradecer el camino compartido abrió un tiempo de silencio, oración y escucha.
Durante estas jornadas, el Hermano Hipólito Pérez, vicario general del Instituto de los Hermanos Maristas, acompañó el itinerario y ayudó a los participantes a acoger, desde la realidad provincial, las llamadas del XXIII Capítulo General.
Bajo el lema “Constructores de un nuevo Hermitage”, el retiro evocó el sueño de san Marcelino Champagnat. El primer Hermitage nació con pocos recursos, pero estuvo sostenido por la confianza en Dios, el cuidado de María y la fraternidad de los primeros hermanos. A lo largo del encuentro, los participantes reconocieron que el nuevo Hermitage no es solo un lugar: se construye allí donde se vive con sencillez, se cuida la comunión y se responde con esperanza a las necesidades del presente.
Volver a lo esencial
El retiro ofreció una oportunidad para volver a lo esencial: reconocer con sinceridad el momento vital de cada persona, renovar la relación con Dios y valorar la comunidad como espacio de acompañamiento y crecimiento.
El itinerario integró oración personal, reflexión, celebración y diálogo fraterno. La invitación inicial a “hacer verdad en nosotros” permitió acoger con sencillez capacidades, límites, búsquedas y preguntas. La autenticidad fue entendida no como perfección, sino como apertura a la acción de Dios en la vida concreta de cada participante.
Los materiales del retiro también mostraron que las crisis, los cambios y la vulnerabilidad pueden convertirse en caminos de transformación. Integrar lo vivido permite avanzar hacia una fe más humilde, abierta, compasiva y disponible para el servicio.
Cinco llamadas para renovar la vida marista
Durante el encuentro se profundizó en cinco llamadas: vocación, espiritualidad, comunidad, liderazgo y misión. A través del silencio y del diálogo en el Espíritu, los participantes discernieron cómo vivirlas de manera más auténtica en las comunidades y obras maristas.
La cultura vocacional ocupó un lugar especial. El retiro renovó la invitación a crear ambientes de escucha, testimonio, discernimiento y cuidado, donde cada persona pueda descubrir su vida como don y misión. También destacó la importancia de reconocer el protagonismo de las nuevas generaciones y aprender de sus preguntas, búsquedas y esperanzas.
Al finalizar el encuentro, hermanos y laicos maristas renovaron su compromiso de construir comunidades abiertas, fraternas y serviciales. Regresaron a sus presencias con el propósito de hacer de la misión marista un hogar para todos y un río de vida, especialmente para los niños, adolescentes y jóvenes que viven situaciones de mayor vulnerabilidad.

