EL LEGADO MARISTA CONTADO POR SUS EXALUMNOS

A lo largo de los años, la comunidad marista ha dejado un legado profundo en las instituciones educativas que llevan su nombre. A través de su formación y carisma, numerosos estudiantes han sido parte activa en la construcción y transmisión de los valores que se les inculcaron. 

La experiencia marista no solo forma académicamente, sino también en el corazón y el espíritu de servicio. Alain Verbog, Aníbal Mendoza y Juan Carlos Echeverry son algunos testimonios que confirman este compromiso. 

Alain Verbog, exalumno marista del Instituto Juan XXIII, ubicado en Punto Fijo, Venezuela, inició su recorrido escolar desde la etapa preparatoria hasta completar el último año de educación básica secundaria. Durante su infancia, tuvo la oportunidad de conocer a varios hermanos maristas y compartir con ellos numerosas actividades. 

Recuerda especialmente cuando jugaba baloncesto con el hermano Sebastián, quien además de ser su profesor de literatura y castellano, dedicaba tiempo para compartir y divertirse con los jóvenes. 

Fueron trece años de experiencias significativas que marcaron su vida profundamente. En ese tiempo, forjó amistades verdaderas que, incluso después de más de 30 años, sigue conservando y fortaleciendo. 

Hoy, Alain tiene a sus hijas estudiando en la misma institución que lo formó y participa activamente en las misiones maristas, colaborando en barrios de Venezuela que necesitan apoyo. Para él, la solidaridad y el deseo de ayudar son una huella imborrable del espíritu marista, y una motivación constante para servir a quienes más lo requieren. 

Aníbal Mendoza, exalumno marista de Catacocha, Ecuador, también ha vivido una profunda relación con los valores maristas desde su niñez. Actualmente es docente en el área de Ciencias Naturales, está a cargo del programa de participación estudiantil y apoya activamente a los grupos juveniles de la institución. 

Al culminar su formación profesional, sintió la necesidad de devolver lo recibido de la comunidad marista. Hoy, como educador, se compromete día a día en el aula y en el entorno educativo con la misión clara de enseñar desde el servicio. 

La semilla sembrada en su etapa de estudiante floreció en un profundo deseo de ayudar a los demás, y ese impulso se refleja hoy en su labor con los estudiantes. Lleva once años formando parte del equipo docente de la institución, periodo que describe como muy grato. 

Ahora que ocupa el rol de profesor, valora aún más la gran responsabilidad que esta misión conlleva. Entre sus colegas actuales, varios fueron sus profesores en el pasado, un hecho que le recuerda la continuidad del legado marista. 

Por su parte, Juan Carlos Echeverry, también exalumno marista, ha sido profundamente influenciado por esta formación a lo largo de su vida. Hoy es economista, pero durante su juventud estuvo siempre acompañado por la comunidad marista. 

“Lo he dicho muchas veces: mis mejores pedagogos fueron los del Instituto del Carmen”, afirma Echeverry, refiriéndose al actual Colegio Bilingüe Champagnat de Bogotá, antes Instituto del Carmen. 

Para Juan Carlos, estudiar en una institución marista no solo significó adquirir conocimientos académicos, sino también aprender valores profundos. Aprendió a ser una persona de fe, con temor de Dios, y a vivir con una ética marcada por la humildad y el respeto. 

Considera que los valores maristas son esenciales para cualquier persona: tener los pies en la tierra, la cabeza sobre los hombros y tratar a los demás con igualdad. El carisma de humildad y sencillez que caracteriza a los maristas le permitió formarse con conciencia de quién es y qué representa. Como él dice, uno puede olvidar muchas cosas en la vida, pero jamás los valores de honradez, respeto, solidaridad y la presencia constante con amigos y familia. 

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